Resumen de la lectura “Sociedad de la información/Sociedad del conocimiento” de Rosa María Torres.
Con base en los antecedentes que brinda la autora, “sociedad de la información” ha sido considerado el término dominante o hegemónico para hacer referencia a las transformaciones que surgen por la introducción de las TICs en la sociedad. Su empleo data desde 1973 cuando el sociólogo Daniel Bell lo introdujo en su libro El advenimiento de la sociedad post-industrial, en el cual hace referencia a que la base de la nueva economía de la sociedad estará basada en servicios dedicados a la información y la producción de conocimiento. A partir de ahí, la expresión toma fuerza con el desarrollo del internet en los años 90 y fue empleada en las reuniones de jefes de estado y de organizaciones de los países mas desarrollados, alcanzando incluso a la ONU y la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
Por su parte, la idea de “sociedad de conocimiento” surge a partir de la década de los 90 y es empleada mayormente en el ámbito académico como una alternativa que busca una noción más integral, que considere otros aspectos más allá de la economía, como la dimensión social, cultural y política según palabras de la UNESCO.
Dentro de las definiciones actuales Yves Carrier, influenciado por Manuel Castells, aclara que la “sociedad de la información” hace énfasis en el contenido, es decir, en cómo se capta, se procesa y se distribuye la información. De manera que, “sociedad del conocimiento” se enfoca mayormente en los agentes que requieren una mayor cantidad de materia y capacitación para ejercer su trabajo.
De esta manera la Declaración de la Sociedad Civil (CMSI) se compromete a crear sociedades de la información enfocadas en las necesidades del individuo, de tal forma que todas las comunidades sean habilitadas para tener acceso a la información, así como a crear, generar y distribuir su propia información de manera equitativa, basadas a su vez en los derechos humanos fundamentales.
La misma CMSI ha buscado desarrollar una visión común de la sociedad de la información, de la cual han surgido en términos generales dos enfoques, que no son mas que la misma diferenciación que con anterioridad ha marcado Yves Carrier: El primer enfoque, coloca a la tecnología como centro del modelo y como motor del desarrollo económico, por lo que se vuelve responsable del ordenamiento social. El segundo enfoque coloca como actor principal al ser humano y pone a la tecnología como el soporte que desencadena el desarrollo de la economía y las actividades humanas.
En ese sentido, el primero coloca a la industria de telecomunicaciones como la líder del desarrollo, mientras que el segundo hace énfasis en la necesidad de políticas para el desarrollo de una sociedad de la información que consideren las necesidades y derechos del individuo. En pocas palabras, el primer enfoque se centra en la “información” mientras que el segundo se inclina por la “sociedad”.
A partir de estas posturas la CMSI resalta a relevancia de cuestionarse en manos de quién está la información, cómo se valora, quién la protege, cómo se distribuye y qué limita o facilita el acceso a dicha información.
De esta misma manera, aun surgen ciertas objeciones respecto al termino correcto, siendo sugerido el hecho de utilizar “sociedades” en plural, debido a que el singular alude a una misma masa con características iguales, por lo que habría que considerar las características y necesidades de cada comunidad. Por otra parte, se ha buscado agregar la noción de “sociedad de la información y la comunicación”, ya que el hecho de utilizar solo información alude a un flujo unidireccional que no permite la retroalimentación de la misma. De igual manera la expresión “sociedad del conocimiento” sigue siendo cuestionado debido a que existiría un nuevo debate respecto a la validación del conocimiento, siendo tomado en cuenta posiblemente solo lo objetivo y científico.
Al final del día, la autora apuesta por el uso de termino sociedades que considere al ser humano con sus características y necesidades, además de hacer hincapié en la necesidad de que la información sea un bien público más allá de ser tratada como una mercancía.
Reflexión.
Personalmente infiero al igual que la autora que no puede hablarse de un flujo de información y conocimiento sin considerar al agente social que la produce, de manera puedan considerarse las condiciones y necesidades de cada comunidad en el proceso de habilitación y creación de condiciones propicias para el acceso a la información y la distribución de la misma. De esta forma, puede considerarse a la tecnología como un facilitador del ejercicio económico, político, social y cultural de las sociedades en desarrollo, a través de políticas que permitan la equidad y la regulación de conflictos de intereses que pueden ser menos monitoreados a través de un enfoque solamente económico.


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